La acción humana y la libertad última

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acción humana

Como te conté en la última entrada sobre economía, el objeto de estudio de dicha ciencia es la acción humana. Pertenece a las ciencias sociales.

Aunque la mayoría de Universidades, expertos y opinión pública en general se empeñen en explicarla como sí fuese una ciencia natural utilizando fórmulas y gráficos.

Los actos humanos no podemos analizarlos en un laboratorio. El ser humano es mucho más complejo que una piedra, un átomo o una derivada.

Yo mismo solía pensar así. Relacionaba la Economía con las matemáticas, muy alejada de las humanidades.

Fue cuando empecé a estudiar a la escuela austriaca de Economía, cuando me dí cuenta que es la ciencia humanista por excelencia.

La acción humana implica preferir y renunciar

Actuar es la única manera de cambiar el rumbo de nuestra vida. Anhelar y desear algo no cambia nuestra situación.

Muchas personas pasan su vida imaginando una situación económica mejor, un trabajo que les llene o tener una dieta más saludable, pero no hacen nada por cambiar.

La acción humana es la única manera de cambiar las cosas. Tiene efectos reales. La intención no cambia nada sí no pasamos a los hechos. Obras son amores y no buenas razones, dice el refrán.

Cuando no hacemos nada también estamos actuando, y por lo tanto estamos eligiendo. No hacer aquello que podríamos, o deberíamos hacer, y no hacerlo, tiene repercusiones reales en nuestra vida.

Luego podemos inventarnos miles de excusas, pero la libertad última de elegir una opción y renunciar a otras, es nuestra y de nadie más.

Actuar no sólo supone hacer, sino también dejar de hacer aquello que podríamos hacer.

Requisitos previos de la acción humana

Desde que nos levantamos por la mañana hasta que nos acostamos por la noche, todo ser humano busca cambiar su situación por otra que valora más.

El ser humano cuando actúa busca sustituir un estado menos satisfactorio por otro mejor. El malestar es el incentivo que impulsa a actuar, de lo contrario no actuaría. Sería un ser plenamente feliz que no tiene anhelos y deseos.

Se dedicaría simplemente a vivir.

Pero para actuar, el ser humano debe advertir mentalmente que existen medios para modificar esa situación de malestar. Debe ser él, el que lo vea y descubra.

Aquello que nos hace más o menos felices, aquello que mejora nuestra situación de malestar inicial cuando actuamos, es una valoración individual y subjetiva del actor.

De cada uno de nosotros.

Nadie es quién para decidir por nosotros aquello que nos hace más o menos felices o que cosa mejorará nuestra situación o cuál no.

Somos nosotros los que advertimos esta situación.

1. Presupuesto irreductible

Cuando estudiamos los fenómenos intentamos retrotraerlos a su causa primera, pero llega un momento que es imposible seguir hacia atrás. Nos topamos con un muro.

Hay fenómenos que no pueden ser analizados ni referidos a otros. Son presupuestos irreductibles. La acción humana es uno de ellos.

Podemos preguntarnos cuáles son las conexiones fisiológicas y físicas que llevan al hombre a actuar. O los procesos mentales o psicológicos que se originan.

Pero mientras la ciencia no lo descubra, tenemos que aceptarlo. La acción humana es nuestro medio de proteger la vida y lo que nos diferencia de los animales.

2. Racional y subjetiva

La acción humana siempre es racional. Hasta en los actos que podamos considerar más irracionales. El actor valora un fin y para ello escoge los medios que él considera adecuados para alcanzarlo.

Por ejemplo, la actuación del suicida es racional. Quiere matarse (fin) y para ello elije los medios. Puede tirarse desde un puente, cortarse las venas, hincharse de pastillas, etc..

Podrá gustarnos o no, parecernos irracional desde nuestro punto de vista, pero desde el punto de vista del suicida su acción es racional.

Tiene un objetivo y elije los medios.

Y es subjetiva porque es el actor él que valora los medios más adecuados para su fin.

3. Causal 

Actuamos porque descubrimos relaciones causales que provocan cambios.

Sabemos que si tocamos el fuego nos quemamos porque previamente lo hemos tocado. Es de cajón, pero es conveniente explicarlo.

Porque cuando asimilas este concepto tan básico y elemental empiezas a tomar el control de tu vida. Cuando sabes que tus actos tienen consecuencias, te vuelves más responsable y más libre.

Pasas de ser una persona reactiva, donde su forma de actuar la determina agentes externos.

A ser una persona proactiva, que decide tomar el control de sus actos independientemente de los estímulos exteriores.

La libertad interior de elegir

Y por último, quería una hacer digresión respecto a este tema de la causalidad de nuestros actos.

Hay personas que explican su vida desde un punto de vista determinista. Es decir, justificar sus actos como respuesta a agentes externos.

Están los deterministas genéticos. Estos son los que la culpa se la echan a su ADN. Yo soy así porque mis padres eran así.

En segundo lugar, están los deterministas psíquicos. Aquí la culpa es de las experiencias de la infancia. Mis padres continuamente se peleaban, eso me trastornaba y por eso tuve que delinquir.

Y en tercer lugar, tenemos a los deterministas ambientales. Aquellos que culpan de todos sus males a su jefe, a la economía, a los políticos o el vecino. Da igual, alguien o algo es responsable de su situación.

Todo este tipo de personas puede que tengan razón.

Pero ellos tienen la libertad última de elegir como les afecta el exterior y como actúan en consecuencia.

Viktor Frankl fue un psiquiatra judío que sufrió los horrores del nazismo. La vida es bella está inspirada en su vida.

Frankl dijo que en su interior él era capaz de decidir de qué modo podía afectarle todo aquello.

Fue torturado, sometido a innumerables humillaciones, pero él tenía la libertad interior a elegir la respuesta a dichos estímulos.

Tal y cómo explica Stephen R.Covey en su libro, el ser humano tiene cuatro capacidades que no tienen los animales, para actuar ante dichos estímulos exteriores.

4 recursos para tomar el control de nuestros actos

Tenemos la autoconciencia. Es la aptitud para pensar en los propios pensamientos. Podemos evaluar y aprender tanto de la experiencia de otros, como de las nuestras.

No eres tus sentimientos ni tu estado de ánimo. Ni siquiera tus pensamientos. Puedes distanciarte y examinarte a ti mismo.

También disponemos de la imaginación. Es la capacidad para ejercer la creación en nuestra mente. De ir más allá de nuestra realidad actual.

Podemos echar mano de nuestra conciencia moral. Esa profunda percepción interior de saber lo que está bien y lo que está mal. De reconocer los principios que gobiernan nuestra conducta y de sí nuestros actos y pensamientos están en armonía con dichos principios.

Y por último tenemos la voluntad independiente, que es la capacidad de actuar en función de nuestra autoconciencia, libres de cualquier otra influencia.

Sí tomas conciencia de las capacidades que tienes como ser humano, seras libre y podrás actuar en consecuencia.

Cuando decides que eres el responsable de lo que te pasa en la vida, para lo bueno y para lo malo, actúas en consecuencia y vives en paz y armonía.

Hazte responsable de tus actos y verás como cambia la forma de ver el mundo.

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