Sobre planificar la jubilación, gallinas y huevos de oro

 

planificar la jubilación

¿Te estarás preguntando qué tiene que ver planificar la jubilación con el cuento de la gallina de los huevos de oro?.

Bastante.

Y espero que después de leer este artículo entiendas el porqué.

Antes me gustaría contarte como surgió la idea de esta entrada.

Estas Navidades le pedí a mi sobrino, el mayor de todos, que me dijera que quería para el día de Reyes. Es mayor de edad y por lo tanto ya sabe quiénes son.

Y prefiero acertar con aquello que le guste, en lugar de las sorpresas.

Me dio el nombre de algunos libros que le gustaría tener. Entre ellos, Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva de Stephen R.Covey.

Recordé que yo tenía ese libro y que nunca llegué a leérmelo. Lo poco que leí me pareció aburrido.

Pero la curiosidad me pudo, así que lo busqué y me puse a leerlo.

Fue un redescubrimiento mágico. Llevaba meses dándole vueltas a unas ideas sobre financial planning, y este libro me hizo verlo claro.

Fue una epifanía.

Además coincidió que había terminado de leer los libros de Lynda Gratton, La vida de 100 años: vivir y trabajar en la era de la longevidad y Prepárate: el futuro del trabajo ya está aquí.

La convergencia de estos tres libros me ha hecho ver como debo enfocar la planificación financiera personal con mis clientes.

Son casualidades mágicas. Es lo maravilloso de la vida.

Yo andaba dándole vueltas a varias ideas, pero no conseguía ensamblarlas. Y resulta que estaban a mi lado, en la estantería.

Un comentario de mi sobrino y eureka.

De como una fábula nos enseña a planificar la jubilación

La fábula de Esopo cuenta que un granjero descubre una mañana que una de sus gallinas ha puesto un huevo de oro.

La impaciencia y la avaricia de tener que esperar un día para obtener otro huevo de oro, hizo que el granjero matase a la gallina. Pensó que dentro de la gallina habría una mina de oro.

Pero desgraciadamente la gallina estaba vacía.

Stephen R.Covey razona que el paradigma de efectividad predominante en nuestra sociedad es el de los huevos de oro.

Pensar en los resultados a corto plazo. En lugar de pensar a largo plazo, es decir, en el mantenimiento de la gallina.

Expone que debe haber un equilibrio entre la producción y la capacidad de producción. Es una ley natural que podemos aplicar a todos los ámbitos de la vida. Y tiene toda la razón.

Por ejemplo, sí decidimos trabajar quince horas al día para ganar más dinero (huevos de oro) en el corto plazo, estamos sacrificando la gallina (salud, familia, etc) a largo plazo.

O en el ámbito de los coches lo veo a menudo.

Echarle gasolina más barata a tu coche por ahorrarte unos euros a corto plazo, a costa de acortar la vida del coche a largo plazo.

Y también podemos aplicarlo a la hora de planificar la jubilación.

Gastamos todas nuestras energías, recursos y tiempo al corto plazo, y no pensamos en el mantenimiento de nuestros activos a largo plazo.

Tenemos que buscar un equilibrio entre el presente y el futuro.

¿Con qué activos contamos para planificar la jubilación?

Aquí es donde entra el enfoque de Lynda Gratton. Hace una clasificación de los activos con los que contamos para planificar una vida longeva, perfectamente complementaria con el enfoque de efectividad de Covey.

1. Activos tangibles (huevos de oro)

Desde el punto de vista de la planificación financiera nuestros huevos de oro son todo aquello que tenemos a mano. Aquello que es tangible en el corto plazo.

La vivienda, los ahorros, los activos financieros, el salario, etc..

Todo aquello que podemos convertir directamente en huevos de oro. Es la producción. Los resultados tangibles de nuestra gallina.

Podemos vender nuestra casa, gastarnos los ahorros o reembolsar nuestros activos financieros.

Podemos cobrar un salario muy alto, pero sí no sabemos gestionarlo y no invertimos para mantener el poder adquisitivo a largo plazo, nos cargaremos la gallina. Equilibrio P/CP.

2. Activos intangibles (gallina)

Todo aquello que no tiene precio, pero es lo que mayor valor tiene. La gallina que nos da los huevos. La capacidad de producción. Lynda Gratton los clasifica en tres tipos:

2.1 Activos productivos

Son todos aquellos activos relacionados con nuestra productividad, rentas y carreras profesionales.

El ejemplo más obvio son los conocimientos y habilidades que hemos adquirido a lo largo del tiempo. Invertir en este tipo de activos es crucial con el aumento constante de la esperanza de vida.

Cada vez vivimos más años y nos jubilaremos más tarde. Esto implica que a lo largo de nuestra vida tendremos varias profesiones y habrá que reinventarse.

Aquellas habilidades relacionadas con la creatividad, la inteligencia emocional y la flexibilidad mental serán imprescindibles en el siglo XXI.

Dentro de los activos productivos también debemos añadir una red de colegas profesionales, en los que apoyarnos, y una sólida reputación o marca personal.

2.2 Activos vitales

Estos son los activos que tienen que ver con la salud, el amor y la amistad. Cuidar nuestra salud, tanto física como psíquica, es fundamental sí queremos tener una vida plena y longeva.

Existe un aumento de las enfermedades derivadas de nuestro estilo de vida actual. Sobre todo en las ciudades. El estrés, la depresión o la obesidad, son el resultado de un ritmo frenético que no nos conduce a ningún lado.

Deberemos preguntarnos hasta que punto merece la pena sacrificar nuestros activos vitales, a cambio de unos cuantos euros más.

El amor y los amigos es una de las mayores fuentes de felicidad y bienestar según numerosos estudios, entre ellos el del profesor Mihály Csíkszentmihályi.

Renunciar a algunos huevos de oro, a cambio de conservar más tiempo y en mejor estado a nuestra gallina, van a ser decisiones clave en nuestra vida.

2.3 Activos transformacionales 

Dentro de los activos intangibles, Lynda Gratton añade un tercer tipo de activos muy importantes para el siglo XXI. Son los denominados transformacionales.

Son aquellos que reflejan la capacidad y la motivación para lograr cambios y transiciones con éxito.

Tendremos que aprender a adaptarnos a un mundo cada vez más incierto. Los avances científicos y tecnológicos hacen casi impredecible como será el mundo de aquí a cinco años.

El paradigma del trabajo para toda la vida ha muerto. O aprendemos por las buenas, porque decidamos cambiar a un trabajo mejor, o por las malas, que nos despidan y tengamos que buscarnos la vida en otra profesión o lugar.

Para este tipo de entorno, cada vez más cambiante, tendremos que invertir en el conocimiento de uno mismo para saber que rumbo tomar en cada instante.

Actividades como la meditación son muy útiles para conocernos a nosotros mismos. ¿Pero quién tiene cinco minutos para meditar hoy en día?.

Tendremos que sacarlos de donde sea, sí queremos cuidar a nuestra gallina.

Planificar la jubilación es un reto emocionante. No sólo tendremos que gestionar adecuadamente los activos tangibles, sino invertir en nuestros activos intangibles.

Somos libres y responsables del diseño de nuestra vida y nuestro futuro. Estamos al mando. Ahora más que nunca.

Un correcto equilibrio entre los beneficios a corto plazo y la inversión a largo es crucial para tener una vida feliz y plena.

Invertir en activos reales es más seguro que tener los ahorros debajo del colchón

invertir en activos reales

Invertir en activos reales debería ser la regla número uno para todas las personas que estén pensando dónde colocar sus ahorros.

Pero el miedo y la escasa educación financiera hace que muchas personas consideren un lugar seguro, para su dinero, la cuenta corriente o un depósito.

Y son la mayoría de españoles los que lo creen así, según demuestra un estudio.

Con el tema del dinero se confirma, como en tantos otros aspectos, que no somos racionales. Que las emociones y la psicología pesan mucho a la hora de invertir.

La evidencia histórica demuestra que tener el dinero en la cuenta, en un depósito o debajo de una losa, a largo plazo deteriora nuestro poder adquisitivo.

Aunque veamos que nuestros euros no se mueven de la cuenta, al cabo de los años, no podremos comprar las mismas cosas con el mismo dinero.

Seríamos más pobres.

La inflación habrá ido restando silenciosamente tus euros de la cuenta corriente.

¿Por qué es más sensato invertir en activos reales que en activos monetarios?

Para responder a esta pregunta, primero es importante saber qué es el dinero y cómo surgió.

Hace más de 9.000 años hubo una transformación radical en la humanidad, donde se pasó de una economía recolectora a una economía productora.

Con la revolución agrícola cambiaron los medios de intercambio. Hasta entonces, las sociedades cazadoras-recolectoras eran comunidades pequeñas y autosuficientes.

Se mantenían mediante favores y obligaciones y el trueque con otros nómadas forasteros. Tú me das esto y yo te doy lo otro. Yo te presto este servicio a cambio de que tú me ayudes con otra cosa.

Pero los intercambios eran limitados.

Con el surgimiento de la agricultura la sociedad se transforma en sedentaria. Y con ello, las poblaciones empiezan a ser más densas y aumenta la demanda de servicios y productos.

Y surgen las oportunidades de especialización. Aquel aldeano que tenía habilidad para hacer zapatos a tiempo parcial, ahora puede dedicarse a tiempo completo.

Empiezan a haber excedentes de productos y servicios. Y cuando hay excedentes se multiplican los intercambios.

Pero el cambio directo, el trueque, planteaba un problema. Lo que se conoce como la doble coincidencia de necesidades. Ambas partes que intercambia tienen que necesitar lo que la otra parte ofrece, sino no hay intercambio.

Es decir, si yo necesito unos zapatos y ofrezco gallinas, pero el zapatero no necesita gallinas, no hay intercambio.

Ante esta problemática, una serie de personas anónimas, aquellas primeras que tuvieron la genial idea, empiezan a demandar en sus intercambios aquellos productos que son más vendibles.

Una serie de productos, según la época y contexto en el que vivieron, que cambian más rápido de mano. Y con este producto, ya intercambiaban el producto o servicio que necesitaban.

De esta manera se resolvía la problemática del trueque.

A lo largo de la historia se han utilizado como medio de intercambio (dinero) todo tipo de productos. Desde la cebada hasta las pieles o el ganado.

Yual Nohah Harari lo explica maravillosamente en su libro Sapiens. De animales a dioses.

El dinero es una invención colectiva

A través de un proceso evolutivo de miles de años, el dinero pasó a convertirse en monedas de plata, más tarde en oro y en la actualidad son esos papelitos que imprimen todos los gobiernos.

El dinero, entendido como medio de intercambio, fue una invención colectiva. Lo inventó la gente, no lo inventó ningún gobierno.

Una vez inventado, es muy fácil expropiarlo y decir que sólo tienen validez las monedas acuñadas por el rey o por el gobernante de turno.

Pero ¿por qué tienen valor los billetes si sólo son simples pedazos de papel?.

El valor del dinero está sustentando en la confianza. La confianza que todos tenemos en la moneda que usamos.

Es un acuerdo tácito. Todos confiamos que con esos papelitos podremos intercambiarlos por bienes y servicios.

Pero la confianza puede perderse. Como pasó en Alemania durante la República de Weimar o está pasando actualmente en Venezuela.

Los ciudadanos pierden la confianza en su moneda y vuelven al trueque. Al intercambio directo. Vuelven a los orígenes de la civilización.

Vuelven a intercambiar productos y servicios necesarios para nuestra vida.

Invertir en activos reales te protege de cualquier escenario

Desde los orígenes de la civilización se ha comerciado con activos reales. Con productos y servicios que necesitaba el ser humano para su día a día.

La invención del dinero vino después. Por eso, imaginándonos en el peor escenario económico y financiero, que volviésemos al trueque, las personas seguiremos necesitando vestirnos, comer y un techo sobre el qué vivir.

¿Qué quiero decir con esto?.

Que más allá de tener un colchón para imprevistos en activos monetarios, como depósitos o cuentas remuneradas, y para lo que vayamos a necesitar en el corto plazo, el resto debería estar invertido en activo reales.

¿Cuáles son los activos reales más interesantes para invertir?

Una vez que tenemos claro que los activos reales conservan el poder adquisitivo a largo plazo mejor que los activos monetarios, tenemos que plantearnos cuáles nos interesan más.

Los activos reales son aquellos que generan rentas por el servicio que da a la sociedad. Tendrán mayor o menor valor, en función del interés que tenga la sociedad por ellos.

Por eso no sólo es necesario invertir en activos reales, sí no saber elegir cuáles y en qué momento.

Puedes invertir en una vivienda, que es un activo real, pero sí la compras en un barrio conflictivo y a un precio caro, has invertido en un activo real, pero ha sido una mala inversión.

Por lo tanto, hay que saber elegir el activo real y a qué precio comprarlo. A eso es lo que se dedica el value investing. Comprar buenos activos a precios interesantes.

Tal y como demuestran los hechos y la historia, el mejor activo real a largo plazo son las acciones de empresas cotizadas.

Tiene toda su lógica.

Las empresas que cotizan en bolsa proporcionan productos y servicios de valor a la sociedad. Y ésta, seguirá demandándolos, en mayor o menor medida según la situación económica del país.

Acciones de empresas cotizadas

Las acciones cotizadas no son billetes de lotería. Son una parte proporcional del activo real, que es la empresa, que proporciona el producto o servicio.

Cuando compramos acciones en bolsa, estamos comprando una pequeña parte de la empresa. Por eso, antes de comprar debemos analizar que proyecto empresarial es más interesante.

La bolsa no es un casino.

Es un medio a través del cuál podemos invertir, o no, en empresas a un precio distinto según el humor de los inversores.

Eso no pasa en otros activos reales, como los inmuebles o las obras de arte.

Por eso hay que saber elegir las empresas y el momento. Para eso está la filosofía de inversión que practica Francisco Paramés o Alvaro Guzmán.

Habilidades y capacidades

Este es el principal activo real que tenemos y del que somos propietarios. Nosotros mismos. Nuestra capacidad para aprender nuevas habilidades que proporcionen valor a la sociedad.

Adquirir nuevos conocimientos es la mejor inversión que podemos hacer. Es la inversión que mejores retornos tiene, decía Benjamín Franklin.

Cada vez cobra más importancia este activo real. Es nuestro generador de fuentes de ingresos.

Ante el aumento de la esperanza de vida, la insostenibilidad de las pensiones públicas y un mundo cada vez más tecnológico, vamos a tener que aportar más valor y formarnos constantemente.

Cuando no sepas que conocimientos debes adquirir o que nuevas habilidades aprender, recuerda cómo eramos hace millones de años. El mundo no ha cambiado en lo esencial.

Todos seguimos necesitando ayuda de los demás para cubrir nuestras necesidades y problemas. Y estamos dispuestos a pagar por ello. Ya sea con papelitos o intercambiando otros activos reales.

La pregunta que tienes que hacerte es: ¿a quién voy a ayudar y qué problema voy a resolverle?.

Ese es el comienzo para invertir en tu principal activo.

Cómo invertir en acciones con una simple fórmula

¿Qué pensarías si te dijese cómo invertir en acciones con una simple fórmula y encima hacerlo mejor que la mayoría de profesionales?.

Pensarías que estoy loco, que tiene truco o que no puede ser.

Sí todo el mundo la aplicase sería rico, me dirías.

Hay está el quid de la cuestión. Que no todo el mundo la aplica.

Porque además de aplicar la fórmula, requiere de algo más importante: paciencia.

Y aquí es dónde el ser humano siempre pincha. Sabemos que algo funciona, pero no somos capaces de esperar. Queremos resultados ya.

La fórmula es muy sencilla: invertir en buenos negocios a precios de ganga.

cómo invertir en acciones

Cómo invertir en acciones según la fórmula de Joel Greenblatt

En la introducción del maravilloso libro de Greenblatt, hace una reflexión muy interesante.

Dice que tras treinta años invirtiendo profesionalmente y catorce enseñando en una escuela de negocios está convencido de dos cosas:

  • Si realmente quieres superar la rentabilidad del mercado, la gran mayoría de profesionales y académicos no podrán ayudarte.
  • Y eso te deja una sola alternativa real: tienes que hacerlo tú mismo.

Si un profesional de su talla y con su trayectoria dice eso, ¿quién soy yo para no hacerle caso?.

Esta reflexión ha sido muy importante para mí. Me ha ayudado a enfocarme en el análisis de empresas a través del value investing.

Todo lo demás es ruido.

El grosor de tus ahorros tienen que estar invertidos en acciones de buenos negocios. Es lo más seguro y rentable.

Dicho esto, vamos al lío.

¿Qué es un precio de ganga?

Un precio de ganga es comprar duros a cuatro pesetas, como dice el refrán. Es decir, comprar algo por debajo de su valor.

A eso es lo que se dedica toda la industria financiera. Ese es el objetivo.

Aunque los resultados digan lo contrario. La gran mayoría de los fondos de inversión no superan al índice de referencia.

Por eso, lo más sensato si no quieres complicarte la vida, es invertir en un fondo indexado que replica al mercado y listo.

Pero si quieres ir más allá, y dedicarle más tiempo a tus inversiones, existe la manera de buscar estas gangas que el mercado desprecia.

Para ello, antes tienes que entender como funciona Mr. Market.

Mr. Market y sus cambios de humor

El padre de la inversión en valor, Benjamin Graham, fue el que acuñó esta idea sobre la bolsa.

Imagina que el mercado es tu socio. Y cada día, te vende parte del negocio a un precio. Los días que está triste, te lo vende muy barato.

Los días que está eufórico, te lo vende muy caro.

Tú, como inversor y socio de Mr.Market, puedes aprovechar cada día si haces trato o no con él.

Lo sensato, es comprar cuando está deprimido (crisis) y vender cuando está eufórico (burbujas).

Pero la industria financiera, la masa, hace todo lo contrario. Se dejan guiar por el carácter maníaco depresivo del mercado.

Sólo tenemos que fijarnos en las cotizaciones mínimas y máximas del año de una empresa, para entender el concepto de Mr. Market.

Cómo puede ser que una empresa no cambie en nada, los mismos beneficios, vendiendo el mismo producto y la misma gestión, pero si cambie continuamente su precio.

Podemos compararlo a los inmuebles. Imagina que tu casa hoy cotizase a un precio, mañana a otro, subiese y bajase continuamente.

Cuando sigue estando en la misma zona, no has hecho ninguna reforma y te da el mismo servicio. No tiene sentido.

Pues ese sinsentido si que se da en la bolsa. Y los inversores inteligentes lo aprovechan.

¿Cómo puede ser?. Yo qué se. Por que el hombre es así de raro. Qué más da y a quién le importa, como dice Greenblatt.

Lo que está claro es que continuamente sucede y podemos aprovecharnos de esa volatilidad, mal entendida como riesgo.

Lo rentable, sí es barato, dos veces rentable

La única manera de saber si algo es una ganga, es compararlo con el valor que aporta. Y una de las medidas de valor en finanzas, es la rentabilidad.

Imaginemos que la empresa XYZ ha tenido un beneficio neto en el año 2016 de 1.200.000 euros. Y las acciones en circulación son un millón.

Si dividimos 1.200.000 entre 1.000.000 nos da un beneficio por acción de 1,20.

La acción cotiza actualmente a 12 euros.

¿Qué rentabilidad nos puede dar esta acción al actual precio?. Si dividimos 1,20 entre 12 nos da una rentabilidad de 10%.

¿Qué pasaría si la cotización cayese a 10 euros?.

Que obtendríamos una rentabilidad del 12% sin haber cambiado nada.

¿Y si los beneficios fuesen de 2,40€?. Al precio actual obtendríamos un 20% de rentabilidad.

Esta es la primera parte de la fórmula. Seleccionar aquellos negocios que obtienen mayor rentabilidad.

¿Y qué es un buen negocio?

Ya sabemos qué es un precio de ganga. Aquellas empresas que obtienen mayor rentabilidad, en relación con su precio.

Ahora nos toca averiguar de qué hablamos cuando decimos un buen negocio.

Hay muchos modos de distinguir un buen negocio de uno malo. Entre otras muchas, la calidad de sus productos o servicios, sus ventajas competitivas, el valor de su marca o la gestión de los directivos.

Todas estas cosas ayudan a tomar una decisión de inversión. Pero el libro de Greenblatt, trata de ayudarnos tomar decisiones con datos. Números reales. Cosas que sabemos y no son predicciones.

Siempre limitándonos al informe anual de la empresa del año anterior.

Un buen negocio se mide con su retorno sobre capital. Es decir, ¿cuánto dinero ganamos por euro invertido en la empresa?.

Si poner en funcionamiento un bar nos cuesta 100.000 euros y obtenemos 20.000 euros al año, estamos obteniendo un 20 por ciento (20.000 euros dividido entre 100.000) de retorno sobre capital.

Por cada cien euros que metemos en el bar, obtenemos veinte.

Siempre preferiremos un negocio dónde obtengamos el mayor retorno sobre capital.

Pagar un precio de ganga por un buen negocio es la combinación perfecta para ganar mucho dinero y batir al mercado.

Simplemente tomando estas dos variables, podemos estar seguros de hacer una buena inversión.

Cómo invertir en acciones paso a paso

Joel Greenblatt define este método de seleccionar acciones de la siguiente manera: se trata de comprar empresas por encima de la media a precios por debajo de la media.

Es decir, las mejores al mejor precio.

Para los que seáis de Estados Unidos, o queráis invertir en empresas de este país a través de esta fórmula, el autor tiene su propia página dónde hace la selección automáticamente.

La página es: magicformulainvesting.com

Para los que queráis invertir en empresas de otros países, tendréis que hacer los cálculos vosotros mismos.

Tampoco es muy complicado.

1. ¿En qué consiste la fórmula?

Greenblatt hace una selección entre 3.500 compañías, independientemente de su capitalización. Funciona tanto para grandes, como para pequeñas. Tú eliges.

Él propone una cartera de 20 o 30 compañías. Sinceramente, no creo que hagan falta tantas. Entre cinco y diez, dependiendo del capital, ya esta bien.

Como Philip Fisher y Peter Lynch, no creo en la diversificación excesiva. Mejor centrarse en pocas empresas y buenas.

Así tienes más tiempo para estudiarlas en profundidad.

Toma esta fórmula como un filtro, más que como un seleccionador de empresas al azar. Aun así, funciona mejor que la media.

Tendrás que ir una por una, o bien en la página de la propia empresa y buscar en la sección de inversores, el informe financiero anual del año anterior.

O sí es el caso de España, en la página de la CNMV buscar la empresa en cuestión.

Imaginemos que quieres hacer una selección del IBEX 35. Como su propio nombre indica, son 35 compañías.

La fórmula consiste en lo siguiente:

  1. Como son 35 empresas asignaremos un total de 35 puestos. Lógico, ¿no?. 😉
  2. Calcularemos el ROA de cada empresa y las ordenaremos de mayor a menor. Es decir, la que tenga el mayor ROA, irá en el puesto 1. La que tenga el menor ROA, irá en el puesto 35.
  3. Calcularemos el PER de cada una de las empresas y las ordenaremos al contrario. Es decir, la empresa que tenga el PER más bajo, irá en el puesto 1 y la que tenga el PER más alto, irá en el puesto 35.
  4. Finalmente, lo que haremos es sumar las posiciones de cada empresa y las ordenaremos de menor a mayor. Es decir, si la empresa ABC tiene el puesto 3 en ROA y el 17 en PER, su resultado es 20. Mientras que sí la empresa XYZ tiene el puesto 1 en ROA y el puesto 35 en PER, tiene un resultado de 36. La empresa ABC tiene mejor combinación, y por lo tanto mejor posición que la empresa XYZ.
  5. Como te he dicho, no buscamos la mejor en una cosa y la mejor en otra. No. Se trata de buscar la mejor combinación de ambos factores.

Ahora vayamos a ver cómo calculamos estos factores.

1.1 ¿Cómo calcular el retorno sobre capital?

El ratio que tendrás que utilizar para obtener este valor es el ROA (Return on Assets). El autor sitúa como mínimo un ROA del 25%.

Tómalo como una referencia. De lo que se trata es de qué cuanto más alto mejor. Comprobarás que hay pocas empresas con esos porcentajes sobre capital tan altos.

ROA = Beneficio Neto / Activos Totales

El beneficio neto lo podrás encontrar en la cuenta de resultados de la empresa. Los activos totales en el balance de situación.

Simplemente se trata de dividir ambas cantidades y multiplicarlas por cien. Te dará un valor. Si es más cercano a 25, o lo supera, mejor.

1.2 ¿Como calcular la rentabilidad?

Ya he comentado que para calcular la rentabilidad de una acción, sólo tienes que dividir el beneficio por acción entre el precio de cotización.

Pero para el cálculo de la fórmula, utilizaremos la división inversa.

El conocidísimo ratio PER (Price earnings ratio) o P/E:

PER = Precio /BPA (Beneficio por Acción)

Explicado de una forma sencilla, el PER es el número de años que tardaríamos en recuperar la inversión.

Es decir, siguiendo con el ejemplo anterior, si el beneficio es 1,20 y la cotización 12 euros, nos daría un PER de 10.

Esto quiere decir que tendríamos que esperar 10 años, si los beneficios se mantienen constantes, para recuperar la inversión de 12 euros.

La media histórica de la bolsa ha sido PER 15. Por lo tanto, hay que evitar todas aquellas acciones que estén por encima de 15.

Y de 15 para abajo, son precios interesantes. Si me apuras, por debajo de 10.

Aquellas empresas que tengan un PER excesivamente bajo, como 5 o menos, suele ser inusual. Echales un vistazo antes de ponerlas en la lista a ver porqué motivo es.

Pero bueno, en este caso nos interesa la combinación perfecta de PER y ROA.

2. ¿Y después?

Una vez que tienes seleccionadas tus acciones ganadoras, se trata de ir comprándolas cada dos o tres meses, hasta completar tu capital.

Es decir, no comprarlas todas de golpe, sino dividir tu inversión a lo largo del año.

Aquellas acciones perdedoras, las venderás antes de que cumplan el año. Y las ganadoras, las venderás unos días después de cumplir el año.

Greenblatt propone este método, de cara al tema fiscal.

Pero creo que si utilizas la fórmula mágica como filtro para seleccionar buenas acciones, y decides estudiarlas un poco más en profundidad, no necesitarás hacer esto.

Simplemente las mantendría hasta que alcanzansen su precio estimado. O sino, cuando su PER estuviese sobrevalorado o el ROA empezase a deteriorarse.

Siempre podrías volver a hacer otra selección de acciones con la fórmula mágica.

Esta fórmula para invertir en acciones no siempre funciona

Ya lo sabía, ¿ves como tiene truco?. Nada es tan bonito como lo pintan.

Por supuesto, ¿te creías que todo iba a ser tan fácil?. Claro que no. El principal obstáculo que tiene la fórmula eres tú.

La fórmula de Greenblatt funciona a largo plazo. Pero hay períodos de meses, incluso de hasta tres años, que lo hace peor que el mercado.

Pero esa debería ser una alegría. Sabemos que durante un tiempo puede que no funcione. Y por eso muchas personas no la aplicarán, con lo cuál habrá más oportunidades.

Esto demuestra que a corto plazo el mercado no es eficiente. Pero a la larga, tiende a la eficiencia. Es decir, que los buenos negocios a precios de ganga obtienen mayores retornos.

El tiempo acaba recompensando a las empresas que lo hacen bien. Las que atienden mejor las necesidades de los clientes.

Esas son las empresas que selecciona la fórmula mágica. Pero durante un tiempo, el mercado te dirá que no es así. Te llevará la contraria.

Por eso tienes que ser paciente y controlar las emociones para aguantar el tiempo necesario para ver la recompensa.

Creo que el esfuerzo merece la pena.

cómo invertir en acciones 3

Mil euros al 30,8% al cabo de diecisiete años, multiplicaría por noventa y seis veces.. La diferencia es considerable si lo comparamos con lo que hizo el mercado.

Esos mil euros al 12,3% se hubiesen convertido en 79.000 euros. Es mucho, pero un millón está mejor.

Incluso aunque no llegases a igualar la rentabilidad de la fórmula, y te quedases muy por debajo, la diferencia sería muy considerable respecto a la rentabilidad del mercado.

Por el bien de tus ahorros te recomiendo leerte el libro de Joel Greenblatt y qué lo compruebes tú mismo.

Perdona por todas estas semanas sin escribir. Espero recuperar el ritmo en este 2017.

De todas formas, sabes que estoy ahí, al otro lado y puedes ponerte en contacto conmigo para lo que consideres.

Sobre los hombros de Francisco García Paramés

Hay libros que aparecen en tu vida cuando más los necesitas. Es lo que me ha ocurrido con el de Francisco García Paramés, Invirtiendo a largo plazo.

Andaba perdido con el enfoque del blog, con una línea muy generalista, y su lectura me ha aclarado las ideas.

Hace ya casi diecisiete meses que empecé a escribir en el blog.

Mi objetivo era mostrar todo lo que iba aprendiendo mientras me sacaba la certificación EFA, ayudar con sus finanzas a los lectores y de paso conseguir visibilidad.

En lo que respecta a la visibilidad ha superado mis expectativas. Aunque no tengo muchas todavía, si estoy posicionado en palabras clave muy importantes para mi proyecto.

En cuanto a los lectores, todas las semanas me escriben consultando dudas y pidiendo asesoramiento desde todas las partes del mundo.

Me sorprende que ninguno de ellos me haya exigido la certificación para asesorarles.

Simplemente buscan soluciones a sus problemas y piden consejo a alguien con el que se sienten identificados.

También recibo felicitaciones y apoyo de profesionales, con muchos años de experiencia en el sector financiero, que me llenan de orgullo y satisfacción como diría aquel.

La nota negativa tengo que ponerla en los contenidos del curso de Asesor Financiero Europeo. Y aquí es donde entra en juego el libro de Francisco García Paramés.

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5 lecciones del libro de Francisco García Paramés

Como he comentado anteriormente, uno de los objetivos de escribir en el blog era mostrar lo aprendido en los manuales preparatorios para la certificación EFA (European Financial Advisor).

Así mataba varios pájaros de un tiro: entre ellos, aprender y a la vez ayudar a los lectores a mejorar sus finanzas y proteger sus ahorros.

Poco a poco iba avanzando en el estudio, complementando con otras lecturas sobre finanzas y economía, e iba dándome cuenta que muchas cosas no me encajaban.

Se supone que todos cuando estudiamos una carrera, un oficio o una profesión queremos adquirir los conocimientos necesarios para servir mejor y de la forma más honesta a nuestros clientes y empresas.

Creo que es lo lógico, sensato y ético. Pero descubres que no es así.

Que una vez más, al igual que en todos los ámbitos de la sociedad, también en la educación, el consenso lo acapara todo.

En economía se trata del pensamiento keynesiano y en finanzas la hipótesis del mercado eficiente.

Ambas muestran una visión estática y matemática de la economía y las finanzas. Como si el mercado no lo formaran personas.

Como si se tratara de robots o ratas de laboratorio que obedecen órdenes.

La sociedad es algo mucho más complejo y dinámico, como para ser moldeado al antojo de los estatistas de turno.

Pero afortunadamente existe una minoría de profesionales, quijotes diría yo, que no piensan igual que el consenso. Y además los resultados y los hechos les dan la razón.

Entre ellos, Francisco García Paramés.

Su libro ha enfocado el camino que debo seguir, tanto en el aspecto económico como financiero:

Creo que en estos dos campos es dónde debo aportar el valor a los lectores.

Por eso, veo innecesario perder el tiempo aprendiendo otros conocimientos que no aportan nada.

1. Invierte en activos reales

Son aquellos activos que las personas demandan y necesitan.

Como pueden ser las habilidades técnicas, acciones, inmuebles o metales preciosos como el oro.

Dentro de todos estos activos el más importante son tus habilidades técnicas para hacer algo. Tu Know-how por así decirlo.

Invierte todo lo que puedes en desarrollarlas. Para distinguirte del mercado y aportar valor. Sea en el sector que sea.

No olvides que invertir en este activo es lo que te generará ingresos que más tarde podrás ahorrar e invertir.

El segundo activo real más importante son las acciones. Son una parte representativa de la propiedad de una empresa.

Una empresa que ofrece productos y servicios que la gente demanda. Que necesitan para vivir.

Por muchas crisis que haya, las personas siempre necesitarán vestirse, comer y demás enseres para la vida diaria.

Por eso son la mejor inversión. La más rentable y la más segura.

Ya me quedo claro en el libro del profesor Jeremy S. Siegel, Guía para invertir a largo plazo, pero con éste de Paramés me he reafirmado.

Los bonos y letras del tesoro no son activos reales, son activos monetarios o promesas como las llama Böhm-Bawerk.

No tienes la titularidad de nada. No eres propietario.

Además de su escasa rentabilidad y pérdida de poder adquisitivo.

Ya profundizaré en otro post sobre los activos reales y monetarios.

2. La volatilidad no significa riesgo, significa oportunidad

Ya hablé sobre este tema en un post sobre como detectar inversiones seguras.

La gran mayoría de personas y profesionales confunden la volatilidad de un activo con el riesgo.

No tiene nada que ver. Qué algo sea muy volátil (que su precio se mueva de arriba a abajo) no significa que sea arriesgado.

Lo podemos ver con un ejemplo.

Un bono del Estado no es volátil. Todo el mundo lo ve como la inversión “sin riesgo”.

Sin embargo, con la continua devaluación de la moneda por parte de los Bancos Centrales, esa inversión es cada vez menos segura.

Pierdes poder adquisitivo y te empobrece. Pero como no es volátil, no lo vemos.

Mientras que una acción de una gran empresa como BMW, en un momento determinado de pánico, pueda llegar a valer 17 euros, no significa que pierda valor y no sea segura.

De hecho ahora cotiza a 78 euros. Pero llego a cotizar a ciento veinte euros.

Y sigue creando valor y aumentando el poder adquisitivo de los accionistas.

Por eso, los value investor, los inversores sensatos, ven en la volatilidad una oportunidad.

Una oportunidad de comprar acciones de grandes empresas, como BMW, a 17 euros.

3. El mercado no es eficiente

Si fuera eficiente Warren Buffett no sería uno de los hombres más ricos del mundo.

El mercado está formado por precios. Y los precios son valoraciones subjetivas que hacen las personas.

Y las personas tienen momentos de irracionalidad y pierden el sentido común.

Que los pisos llegarán a valer lo que valieron, no quiere decir que fuese su precio.

Los inversores value conocen la volatilidad del comportamiento humano y lo aprovechan para comprar en momentos adecuados.

Es imposible que el mercado sea eficiente porque continuamente se está creando nueva información.

El mercado es un continuo ajuste y desajuste.

4. Para invertir con éxito no necesitas a un asesor financiero

Parece mentira que te lo diga yo, que espero a ser uno de ellos, pero es así.

Es más, deberías hacerlo tu mismo. Es hora de asumir la responsabilidad de nuestras finanzas.

Muy pocos gestores, como demuestran las estadísticas, baten al mercado por los propios incentivos de la industria financiera.

Y la inversión en índices tiene otra serie de inconvenientes que puedes leer en este artículo de Emérito Quintana.

Al igual que nos quebramos la cabeza para comprar un coche o el último móvil, deberíamos hacerlo con nuestros ahorros.

De hecho son más importantes y tiene un mayor impacto en nuestras vidas.

Puedes empezar leyéndote estas dos joyas: El pequeño libro que aún vence al mercado y El pequeño libro que genera riqueza.

5. Controlar las emociones y cultivar la paciencia

Todos los grandes inversores coinciden en que uno de los factores principales para invertir con éxito es la paciencia.

El proceso de analizar una empresa y valorarla es relativamente sencillo. De hecho con una calculadora normal puedes hacerlo.

Lo que es difícil es comprar cuando nadie compra y vender cuando nadie vende.

Salirse del rebaño. Para eso hay que saber controlar las emociones.

Por eso, creo que debo profundizar en este tema y compartirlo con los lectores.

De hecho, ya me llamó la atención que George Kinder utilizara técnicas budistas con sus clientes.

El budismo y el conocimiento de uno mismo es esencial para gestionar tus finanzas, aunque te pueda parecer extraño.

Creemos que nuestras finanzas son algo independiente a nosotros. Al contrario, es un fiel reflejo de quién somos, de como nos sentimos.

El libro de Paramés me ha dejado muchas otras lecciones. Pero éstas son las principales, además de una extensa bibliografía.

En el mundo financiero hay mucho ruido y puedes perderte con tantas opciones. Es complicado elegir.

Yo he elegido el sentido común. Aunque a veces duela, como dice la canción.

Está demostrado que da los mejores resultados a largo plazo.

Postdata

Por si hay algún despistado en la sala, quería aclarar el título del post.

Hace referencia a aquella frase de Newton “Si he logrado ver más lejos, ha sido porque me he subido sobre los hombros de gigantes”.

Gigantes como Paramés, Peter Lynch o Warren Buffett.

Esta es la única manera de encontrar oportunidades de inversión interesantes

El mundo esta lleno de oportunidades de inversión. Están ahí, delante de nuestras narices, esperando a ser descubiertas.

Pero muy pocos tienen el olfato.

Ese es el objetivo de los empresarios e inversores.

Detectar aquello que está infravalorado allí, comprarlo barato y venderlo caro allá.

Como el caso de la maldición de Texas.

No se sabe porqué, de vez en cuando aparecía un líquido negruzco que mataba al ganado en los terrenos tejanos.

Nadie los quería. Estaban malditos. No valían nada. Los regalaban.

Hasta que un día, alguien dio utilidad a ese líquido, llamado petróleo, y los terrenos fueron muy valorados y dispararon su precio.

Algo que nadie quería, en otro “lugar” del mercado otros lo estaban demandando.

La maldición se convirtió en una bendición para los que supieron verlo.

En eso consiste los procesos del mercado. Ajustar los desajustes.

Conectar la oferta con la demanda a cambio de obtener un beneficio.

El afán de lucro es lo que hace que millones de personas se pongan al servicio de los demás. A resolverles sus problemas.

Sin lucro no avanza ni prospera la sociedad.

¿Pero que demonios hace falta para detectar esos desajustes y sacarles el mayor beneficio posible?

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Cambia de gafas si quieres encontrar oportunidades de inversión

Antes de nada, debes tener claro que no hay ninguna inversión segura.

Todo es incertidumbre.

Quién te venda lo contrario, te está engañando.

El tan malvado mercado, como lo llaman algunos, somos nosotros mismos. Personas de carne y hueso.

Millones de ahorradores que ponen su dinero en fondos de inversión, de pensiones y demás activos financieros para obtener una rentabilidad.

Y cuando el mercado cae, corremos a vender. Y cuando el mercado sube, corremos a comprar.

Nosotros mismos, con nuestras acciones, movemos el mercado.

Y el comportamiento humano es volátil. No hay certezas.

Pues bien, cuando invertimos estamos gestionando la volatilidad del comportamiento humano.

Si tenemos claro esto, ya tenemos una gran ventaja respecto al resto.

Para batir al mercado, no puedes copiar al mercado

Si quieres ser mejor que la media, por lo menos, tienes que hacer cosas diferentes a la media.

Parece obvio y de sentido común, pero millones de personas todavía no lo han entendido.

Si hago lo mismo que mi vecino, ¿qué crees que me pasará?.

Que conseguiré parecidos resultados a mi vecino.

Pues en el mundo de las inversiones, pasa exactamente igual. Incluso acentuado.

Por una sencilla razón. Es un juego de suma cero.

Es decir, que para comprar tienes encontrar alguien dispuesto a vender. Y para vender, tiene que haber alguien dispuesto a comprar.

Si todo el mundo compra, porque algún gurú ha dicho que hay que comprar, el precio sube.

Y por el contrario, si todo el mundo vende, porque en la tele han dicho que todo está muy mal, el precio baja.

Esto que parece fácil, y de Barrio Sésamo, no lo hemos asimilado todavía.

Si estoy diciendo, que haciendo lo que hace todo el mundo, conseguiremos los mismos resultados.

¿Qué hay qué hacer entonces?.

Poner en duda SIEMPRE lo que opina el consenso. 

Ese es el punto de partida para encontrar buenas oportunidades de inversión.

Básicamente por dos razones:

  • Si queremos comprar a precios interesantes, para posteriormente vender caro y así obtener una buena rentabilidad, tenemos que encontrar activos infravalorados. Aquellos que nadie quiere. En los que nadie se fija y pasan desapercibidos. Por el motivo que sea, son negocios aburridos, no están de moda o son arriesgados. Da igual la etiqueta que le haya colgado la opinión pública. Son los que hay que analizar. Ahí están las gangas.
  • Si buscamos oportunidades de inversión en lo que está de moda, lo que dicen en televisión o los supuestos gurús, estate seguro que comprarás caro y eso significa escasa rentabilidad. Porque como dijo Kostolany, lo que sabe todo el mundo en bolsa a mí ya no me interesa. Es decir, ya no tiene valor. No hay margen de beneficio.

Debemos desarrollar el pensamiento de segundo nivel, como dice Howard Marks.

¿Qué es el pensamiento de segundo nivel?

Como te he dicho, para encontrar mejores oportunidades de inversión tienes que pensar de forma diferente.

Tienes que pasar del pensamiento de primer nivel, simplista y superficial, al pensamiento de segundo nivel, profundo, complejo y enrevesado.

Para entender como es cada tipo de pensamiento, voy a ponerte unos ejemplos:

  • El pensador de primer nivel diría “Se trata de una buena empresa, compremos acciones“. El pensador de segundo nivel, sin embargo diría: “Todo el mundo piensa qué es una buena empresa, pero en realidad no lo es. Está sobrevalorada. Hay que vender.”
  • Los pensadores de primer nivel dirían: ” Estamos en crisis no es momento de invertir“. Mientras que los pensadores de segundo nivel gritarían: “Es el mejor momento para invertir. Puedes encontrar auténticas gangas.

Escucharás cientos de frases de pensamiento de primer nivel al día. De todos los tipos, no solo de temas financieros.

Desde que pones la radio en el coche por la mañana, hasta por la noche viendo tu programa preferido.

Sin parar, una y otra vez. De tanto repetirlas llegamos a creérnoslas.

Cuando eres un pensador de segundo nivel, ves Matrix por todos lados. Tu manera de ver el mundo cambia.

Volviendo a la inversión, quiero dejar claro que no hay nada de malo en copiar al mercado.

De hecho, es una de las estrategias de inversión que recomiendo a las personas que me contactan, si no quieren complicarse la vida.

Pero si quieres obtener una rentabilidad superior al mercado, a la media, debes pensar diferente a la media.

Además de otros factores, por supuesto.

Como tener conocimientos de contabilidad, finanzas y aprender de los mejores.

Como resumen, me gustaría acabar con una frase de Warren Buffett que condensa perfectamente lo que quiero decirte:

“Sé temeroso cuando los demás sean avariciosos y sé avaricioso cuando los demás sean temerosos.”

Te asegurarás de comprar en el momento adecuado y de vender cuando toca.

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