Cómo pensamos sobre el futuro afecta a nuestras inversiones a largo plazo

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inversiones a largo plazo

Está más que demostrado que la bolsa es de las mejores inversiones a largo plazo. Sin embargo, son una minoría las personas que invierten en este tipo de activo.

Hay numerosos estudios dónde puedes comprobarlo. El más conocido el del profesor Jeremy J. Siegel.

Entonces, ¿qué pasa?.

¿No se supone que somos seres racionales y tomamos las mejores decisiones para nuestro interés?.

Pues resulta que no.

El cerebro más primitivo, a veces, juega en nuestra contra sin darnos cuenta. Hasta los chimpancés tienen más paciencia que nosotros.

Tal y como demuestra un estudio realizado en 2007 con estudiantes de la Universidad de Harvard y el Centro de Investigación de Primates Wolgang Koehler de Leipzig.

El reto consistía en posponer una recompensa inmediata para ganar más comida. Tanto los humanos, como los chimpancés, preferían 6 snacks a 2 sí no tenían que esperar. Algo perfectamente lógico y obvio.

Pero los resultados fueron muy diferentes cuando tenían que esperar dos minutos para obtener la recompensa de seis snacks.

Los primates eligieron esperar el 72% de las ocasiones, frente al 19% de las ocasiones de los estudiantes de Harvard.

Las inversiones a largo plazo requieren ver con claridad el objetivo futuro

Actuar como lo hicieron los estudiantes resulta irracional, comparado con la actitud de los primates. Sin embargo nuestro sofisticado cerebro suele racionalizar las malas decisiones.

Racionalizamos aquellos comportamientos más irracionales prometiéndonos que mañana actuaremos mejor. Éste es nuestro talón de Aquiles: cómo pensamos sobre el futuro.

Como apunta Kelly Mcgonigal en su libro Autocontrol, el ser humano es la única especie que piensa de forma coherente sobre el futuro. El problema es que no lo vemos con claridad.

Un día es un día, mañana empiezo. Cuántas veces lo habremos oído.

Le pasamos el marrón a nuestro yo futuro. Él será el que tendrá que ahorrar para la jubilación, el que se pondrá a dieta o el que dejará de fumar.

Nos contaremos un cuento racional para no tener que tomar la decisión difícil y posponerla a nuestro yo 2.0

El yo futuro tendrá más tiempo, más dinero y más fuerza de voluntad para tomar decisiones. Básicamente lo idealizamos. No somos nosotros ese yo futuro, es un extraño.

Tristemente pecamos de ingenuidad. Una y otra vez caemos en la misma trampa. Sí no actuamos hoy, seremos la misma personas con algunos años más.

4. Ejercicios para tener presentes nuestros objetivos a largo plazo

Kelly Mcgonical propone en su libro una serie de ejercicios para aumentar nuestro autocontrol y no sucumbir a las gratificaciones inmediatas que nos alejan de los objetivos que más valoramos.

1. ¿Pregúntate a qué estás renunciando en el futuro?

Pregúntate cuando caigas en la tentación a qué recompensas futuras renuncias. ¿Que precio te conlleva a la larga?. ¿Vale la pena dicho trueque?.

Cuando nos gastemos el dinero que deberíamos ahorrar para una mejor jubilación, preguntémonos sí merece la pena. ¿Qué piensas y sientes cuando pones tu futuro en venta?

2. Espera diez minutos

Este simple ejercicio puede tener unos efectos impresionantes en nuestro cerebro tal y como han descubierto los neurocientíficos.

esperas diez minutos a darte esa gratificación inmediata verás como poco a poco vas cogiendo mayor fuerza de voluntad. Sí pasados esos diez minutos sigues deseandolo, piensa en la recompensa que ganarás a largo plazo sí te resistes a la tentación.

También se puede aplicar para las cosas que no quieres hacer. Verás que sí te propones hacer esa tarea que no quieres durante diez minutos, solamente, no podrás dejarla y continuarás más tiempo. Es el efecto “ya que estamos”.

3. Pre-comprométete 

Como ya nos conocemos y sabemos que no cumpliremos aquello que nos prometimos, anticípate a la tentación.

Por ejemplo, sí ya sabes que no vas ahorrar, pon una transferencia automática cada mes a una cuenta distinta a la de los gastos diarios. A la que no tengas fácil acceso, sí puede ser.

Éste es un truco muy conocido, pero muy eficaz. Ahorrar antes de gastar. No gastar y después, sí sobra, ahorro.

4. Conoce a tu yo futuro

Ponle cara a tu yo futuro. Imagínate dentro de diez años o veinte. Tu estado de salud, tus finanzas, tu familia. Cuánto más vivido y real lo visualices, más tenderás a tomar una decisión que no lamente tu yo futuro.

También puedes imaginarte el día de tu funeral, mientras todos tus seres queridos te están mirando. ¿Cómo te gustaría ser recordado?.

Debemos conocer como somos y dónde tropezamos. No sólo nosotros en particular, sino como especie. Por eso considero que cada vez tendrá más peso e importancia la neurociencia.

Ya sabemos, y he repetido en este blog, que la parte psicológica es el ochenta por ciento, o más, en la inversión.

Por eso te recomiendo que vayas trabajando en aspectos como el autocontrol sí quieres mejorar tus finanzas y tu vida personal.

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