Sobre los hombros de Francisco García Paramés

Hay libros que aparecen en tu vida cuando más los necesitas. Es lo que me ha ocurrido con el de Francisco García Paramés, Invirtiendo a largo plazo.

Andaba perdido con el enfoque del blog, con una línea muy generalista, y su lectura me ha aclarado las ideas.

Hace ya casi diecisiete meses que empecé a escribir en el blog.

Mi objetivo era mostrar todo lo que iba aprendiendo mientras me sacaba la certificación EFA, ayudar con sus finanzas a los lectores y de paso conseguir visibilidad.

En lo que respecta a la visibilidad ha superado mis expectativas. Aunque no tengo muchas todavía, si estoy posicionado en palabras clave muy importantes para mi proyecto.

En cuanto a los lectores, todas las semanas me escriben consultando dudas y pidiendo asesoramiento desde todas las partes del mundo.

Me sorprende que ninguno de ellos me haya exigido la certificación para asesorarles.

Simplemente buscan soluciones a sus problemas y piden consejo a alguien con el que se sienten identificados.

También recibo felicitaciones y apoyo de profesionales, con muchos años de experiencia en el sector financiero, que me llenan de orgullo y satisfacción como diría aquel.

La nota negativa tengo que ponerla en los contenidos del curso de Asesor Financiero Europeo. Y aquí es donde entra en juego el libro de Francisco García Paramés.

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5 lecciones del libro de Francisco García Paramés

Como he comentado anteriormente, uno de los objetivos de escribir en el blog era mostrar lo aprendido en los manuales preparatorios para la certificación EFA (European Financial Advisor).

Así mataba varios pájaros de un tiro: entre ellos, aprender y a la vez ayudar a los lectores a mejorar sus finanzas y proteger sus ahorros.

Poco a poco iba avanzando en el estudio, complementando con otras lecturas sobre finanzas y economía, e iba dándome cuenta que muchas cosas no me encajaban.

Se supone que todos cuando estudiamos una carrera, un oficio o una profesión queremos adquirir los conocimientos necesarios para servir mejor y de la forma más honesta a nuestros clientes y empresas.

Creo que es lo lógico, sensato y ético. Pero descubres que no es así.

Que una vez más, al igual que en todos los ámbitos de la sociedad, también en la educación, el consenso lo acapara todo.

En economía se trata del pensamiento keynesiano y en finanzas la hipótesis del mercado eficiente.

Ambas muestran una visión estática y matemática de la economía y las finanzas. Como si el mercado no lo formaran personas.

Como si se tratara de robots o ratas de laboratorio que obedecen órdenes.

La sociedad es algo mucho más complejo y dinámico, como para ser moldeado al antojo de los estatistas de turno.

Pero afortunadamente existe una minoría de profesionales, quijotes diría yo, que no piensan igual que el consenso. Y además los resultados y los hechos les dan la razón.

Entre ellos, Francisco García Paramés.

Su libro ha enfocado el camino que debo seguir, tanto en el aspecto económico como financiero:

Creo que en estos dos campos es dónde debo aportar el valor a los lectores.

Por eso, veo innecesario perder el tiempo aprendiendo otros conocimientos que no aportan nada.

1. Invierte en activos reales

Son aquellos activos que las personas demandan y necesitan.

Como pueden ser las habilidades técnicas, acciones, inmuebles o metales preciosos como el oro.

Dentro de todos estos activos el más importante son tus habilidades técnicas para hacer algo. Tu Know-how por así decirlo.

Invierte todo lo que puedes en desarrollarlas. Para distinguirte del mercado y aportar valor. Sea en el sector que sea.

No olvides que invertir en este activo es lo que te generará ingresos que más tarde podrás ahorrar e invertir.

El segundo activo real más importante son las acciones. Son una parte representativa de la propiedad de una empresa.

Una empresa que ofrece productos y servicios que la gente demanda. Que necesitan para vivir.

Por muchas crisis que haya, las personas siempre necesitarán vestirse, comer y demás enseres para la vida diaria.

Por eso son la mejor inversión. La más rentable y la más segura.

Ya me quedo claro en el libro del profesor Jeremy S. Siegel, Guía para invertir a largo plazo, pero con éste de Paramés me he reafirmado.

Los bonos y letras del tesoro no son activos reales, son activos monetarios o promesas como las llama Böhm-Bawerk.

No tienes la titularidad de nada. No eres propietario.

Además de su escasa rentabilidad y pérdida de poder adquisitivo.

Ya profundizaré en otro post sobre los activos reales y monetarios.

2. La volatilidad no significa riesgo, significa oportunidad

Ya hablé sobre este tema en un post sobre como detectar inversiones seguras.

La gran mayoría de personas y profesionales confunden la volatilidad de un activo con el riesgo.

No tiene nada que ver. Qué algo sea muy volátil (que su precio se mueva de arriba a abajo) no significa que sea arriesgado.

Lo podemos ver con un ejemplo.

Un bono del Estado no es volátil. Todo el mundo lo ve como la inversión “sin riesgo”.

Sin embargo, con la continua devaluación de la moneda por parte de los Bancos Centrales, esa inversión es cada vez menos segura.

Pierdes poder adquisitivo y te empobrece. Pero como no es volátil, no lo vemos.

Mientras que una acción de una gran empresa como BMW, en un momento determinado de pánico, pueda llegar a valer 17 euros, no significa que pierda valor y no sea segura.

De hecho ahora cotiza a 78 euros. Pero llego a cotizar a ciento veinte euros.

Y sigue creando valor y aumentando el poder adquisitivo de los accionistas.

Por eso, los value investor, los inversores sensatos, ven en la volatilidad una oportunidad.

Una oportunidad de comprar acciones de grandes empresas, como BMW, a 17 euros.

3. El mercado no es eficiente

Si fuera eficiente Warren Buffett no sería uno de los hombres más ricos del mundo.

El mercado está formado por precios. Y los precios son valoraciones subjetivas que hacen las personas.

Y las personas tienen momentos de irracionalidad y pierden el sentido común.

Que los pisos llegarán a valer lo que valieron, no quiere decir que fuese su precio.

Los inversores value conocen la volatilidad del comportamiento humano y lo aprovechan para comprar en momentos adecuados.

Es imposible que el mercado sea eficiente porque continuamente se está creando nueva información.

El mercado es un continuo ajuste y desajuste.

4. Para invertir con éxito no necesitas a un asesor financiero

Parece mentira que te lo diga yo, que espero a ser uno de ellos, pero es así.

Es más, deberías hacerlo tu mismo. Es hora de asumir la responsabilidad de nuestras finanzas.

Muy pocos gestores, como demuestran las estadísticas, baten al mercado por los propios incentivos de la industria financiera.

Y la inversión en índices tiene otra serie de inconvenientes que puedes leer en este artículo de Emérito Quintana.

Al igual que nos quebramos la cabeza para comprar un coche o el último móvil, deberíamos hacerlo con nuestros ahorros.

De hecho son más importantes y tiene un mayor impacto en nuestras vidas.

Puedes empezar leyéndote estas dos joyas: El pequeño libro que aún vence al mercado y El pequeño libro que genera riqueza.

5. Controlar las emociones y cultivar la paciencia

Todos los grandes inversores coinciden en que uno de los factores principales para invertir con éxito es la paciencia.

El proceso de analizar una empresa y valorarla es relativamente sencillo. De hecho con una calculadora normal puedes hacerlo.

Lo que es difícil es comprar cuando nadie compra y vender cuando nadie vende.

Salirse del rebaño. Para eso hay que saber controlar las emociones.

Por eso, creo que debo profundizar en este tema y compartirlo con los lectores.

De hecho, ya me llamó la atención que George Kinder utilizara técnicas budistas con sus clientes.

El budismo y el conocimiento de uno mismo es esencial para gestionar tus finanzas, aunque te pueda parecer extraño.

Creemos que nuestras finanzas son algo independiente a nosotros. Al contrario, es un fiel reflejo de quién somos, de como nos sentimos.

El libro de Paramés me ha dejado muchas otras lecciones. Pero éstas son las principales, además de una extensa bibliografía.

En el mundo financiero hay mucho ruido y puedes perderte con tantas opciones. Es complicado elegir.

Yo he elegido el sentido común. Aunque a veces duela, como dice la canción.

Está demostrado que da los mejores resultados a largo plazo.

Postdata

Por si hay algún despistado en la sala, quería aclarar el título del post.

Hace referencia a aquella frase de Newton “Si he logrado ver más lejos, ha sido porque me he subido sobre los hombros de gigantes”.

Gigantes como Paramés, Peter Lynch o Warren Buffett.

Guía del impuesto sobre sucesiones y donaciones

Estudiando el impuesto sobre sucesiones y donaciones que tenemos en España estoy descubriendo algo que ya sabía, pero que no deja de sorprenderme.

El inmenso desprecio por la propiedad privada que existe en este país. Es asfixiante la coacción del gobierno en materia fiscal. Luego nos sorprende que la gente evada impuestos.

O que cada vez haya más renuncias de herencias por las desorbitadas cantidades que tienen que pagar los herederos.

Has currado toda la vida por dejarle un patrimonio a tus hijos y cuando llega la hora de heredar, tus hijos tienen que renunciar a la herencia porque no pueden pagar los impuestos que les corresponde. Manda huevos. Es bochornoso y humillante.

En este aspecto tienen gran parte de culpa, porque las competencias están cedidas en su totalidad, las comunidades autónomas. Es decir, toda la recaudación va a parar a las comunidades autónomas.

Aquí es dónde vemos las políticas de unos y otros. Sólo hay que comparar Andalucía, una de las comunidades dónde más se paga, o la Comunidad de Madrid, una dónde menos.

impuesto sobre sucesiones y donaciones

4 preguntas acerca del impuesto sobre sucesiones y donaciones

El impuesto sobre sucesiones y donaciones grava tres hechos imponibles:

  • Las transmisiones mortis causa, es decir cuando alguien fallece y transmite sus bienes a los herederos o legatarios. La diferencia es que los herederos heredan a título universal, de lo que hay se reparte a partes iguales, y los legatarios a título particular, algo concreto y específico. Por ejemplo, dejo el apartamento de la playa a mi hijo Juan.
  • Las transmisiones inter vivos, lo que normalmente se conoce como donaciones. Es imprescindible para que se devengue el impuesto que las dos partes acepten. Una persona que done y otra que acepte la donación.
  • Los cobros de seguros de vida cuando el contratante y el beneficiario son personas distintas y se produce un fallecimiento.

1. ¿Quién debe tributar?

En el caso de mortis causa quién debe tributar son los herederos y los legatarios. En las donaciones quién debe tributar es el que recibe, el donatario. El donante, el que da, tributará en el impuesto sobre la renta.

Esto es importante tenerlo en cuenta, porque hay personas que van a recibir una donación y me han preguntado si deben tributar en la renta. No.

Como donatario, tú sólo pagas el impuesto de donaciones y punto. Es el donante, el que en el impuesto de la renta tendrá una variación patrimonial y debe dejar constancia.

Y en el caso de los seguros de vida, el que tributará, evidentemente, será el beneficiario no el fallecido.

2. ¿Dónde debe tributar?

En los casos de mortis causa, de fallecimiento, debe tributarse en aquella comunidad autónoma donde tenía la residencia el fallecido. Se considera residencia aquella dónde haya vivido como mínimo cinco años.

Por todos los bienes que heredo, da igual dónde estén. Si recibes de herencia la casa del pueblo manchego de tu abuelo, pero él residía en Madrid, tú pagarás el impuesto de sucesiones en Madrid, no en el pueblo.

En las donaciones, las inter vivos que hemos dicho anteriormente, se tributará dónde tenga la residencia el que recibe la donación, osea el donatario. Con una regla especial, si lo que recibes es un bien inmueble, se tributará dónde esté ubicado dicho inmueble.

Y en el último caso, en el cobro de los seguros de vida, como se trata de un fallecimiento, se tributará dónde tenga la residencia el fallecido.

3. ¿Cuando debe tributar?

Tanto en el caso de sucesiones, como en el de los seguros de vida, el impuesto se devenga desde el momento del fallecimiento. El plazo para verificar el pago es de seis meses desde el fallecimiento.

Antes de que transcurran cinco meses, se puede solicitar otra prórroga de seis meses. Aunque esta prórroga irá acompañada de intereses de demora.

En las donaciones, el impuesto se devengará cuando el donatario acepte la donación. Como voy a tributar por algo si no sé si me han notificado que he recibido una donación.

4. ¿Cómo debe tributar?

A la hora de pagar el impuesto, es obligatorio hacerlo, en la gran mayoría de comunidades autónomas, a través de un formulario de autoliquidación (modelo 650 y 660) e ingresarlo en una de los Bancos y Cajas colaboradores.

En otras comunidades no es obligatorio hacerlo de esta manera, y es la Administración la que indica, entregándose la documentación correspondiente, la cantidad que se debe pagar.

La documentación que se debe presentar en el caso de fallecimiento es:

  • Certificado de defunción y registro de actos de última voluntad.
  • Copia autorizada del testamento o la declaración de herederos.
  • Justificantes de las cargas, gravámenes, deudas y gastos para las deducciones que se soliciten.
  • Certificaciones de los saldos de las cuentas en entidades financieras y valor de las acciones y participaciones en fondos de inversión.
  • Escrituras de los bienes inmuebles incluidos en la sucesión.

En el caso de las donaciones, habría que ir al notario y bajo documento público dejar constancia del bien o derecho que se transmite.

El formulario de autoliquidación es el último paso del impuesto. Una vez que tenemos la cantidad a pagar. ¿Pero cómo hemos llegado hasta ahí?.

Para entender cómo hemos llegado a esa cifra, lo mejor es explicar la estructura del impuesto sobre sucesiones y donaciones.

A) Valor real

Tendré que hacer un inventario de todos los bienes y derechos que reciba, y “tasarlos” a valor real de mercado en el momento de la defunción o donación.

Lo de “valor real” es un concepto algo ambiguo, por eso cada comunidad autónoma establece unas pautas a la hora de valorar cada uno de los bienes. Como por ejemplo:

Los inmuebles

Como sabemos hay muchos factores que influyen en el valor de un piso o una finca, sabemos que los precios son valoraciones subjetivas.

¿Cuál es el valor real de un piso, el que hubo durante la burbuja inmobiliaria, o los precios que hay ahora?.

Un comprador te dirá que los que hay ahora. Pero un vendedor preferiría los precios de la burbuja, sobre todo si se ha quedado enganchado con algunos pisos a precios antiguos.

Por esta discrepancia de valoraciones, la administración establece que los inmuebles se valorarán por el mayor de éstos tres:

  • El comprobado por la administración a efectos de otros impuestos.
  • El valor catastral que figura en el IBI.
  • El precio o valor de adquisición de la escritura de compra, herencia o donación.

Dinero

El dinero que se tiene en los bancos se valorará en la herencia, o en su caso en la donación, por el saldo que arroje las cuentas corrientes en el momento de la defunción o por el saldo en la fecha que se materialice la donación.

Acciones o participaciones

Deberán valorarse de la siguiente manera:

  • Acciones cotizadas en bolsa: se valorarán por el valor oficial de la cotización que tengan las acciones en la fecha del fallecimiento.
  • Acciones no cotizadas en bolsa: si están auditadas, se valorarán por el valor teórico del último balance auditado. Si no están auditadas, por el mayor de éstos tres: valor nominal, valor teórico del último balance aprobado o valor resultante de capitalizar al 20% el promedio de los beneficios de los tres últimos ejercicios.

Actividades empresariales y profesionales

La valoración de empresas y actividades profesionales vendrá determinado por el valor que desprenda la contabilidad.

Si el negocio consta de inmuebles, se valorarán como en el apartado anterior dedicado a los inmuebles. Si hubieran existencias, maquinaria, ordenadores, etc.. tendremos que acudir a la contabilidad.

El ajuar

Son aquellos bienes de escaso valor, como ropa, muebles, enseres, etc… que la administración presume que todo el mundo tiene y necesita para vivir.

Tendremos que calcular el 3% de la totalidad de la herencia y sumárselo al inventario en concepto de ajuar doméstico.

Este uno de los puntos más controvertidos del impuesto sobre sucesiones. Porque no todo el mundo tiene o necesita esa cantidad de ajuar para vivir.

Por ejemplo, alguien que posee un millón de euros en el banco, pero sin embargo vive de alquiler, tendría que valorar su herencia en treinta mil euros más en concepto de ajuar doméstico. No tiene lógica. O alguien que viva en casa de sus hijos o en una residencia.

B) Cargas, deudas y gastos

Una vez que hemos valorado toda la masa hereditaria podemos descontar a ese valor, los siguientes conceptos:

  • Cargas: todos aquellas partidas que reducen el valor del bien. Por ejemplo, si heredamos un piso que tiene un contrato de alquiler con un inquilino. El piso ya no tiene el mismo valor.
  • Deudas: cuando heredamos los bienes y derechos, también heredamos las obligaciones. Por ejemplo, si heredamos un piso con una hipoteca, podremos descontar el importe de la deuda del inventario de la herencia.
  • Gastos: también se pueden descontar de la masa hereditaria gastos de última enfermedad, gastos de entierro y funeral y gastos judiciales y de arbitraje que ocasione la herencia.

Al valor real de los bienes y derechos tendremos que restarle las cargas, deudas y gastos, y obtendremos como resultado la base imponible.

C) Reducciones

Hasta obtener la base imponible es competencia del Estado. Es decir, es igual para todas las comunidades autónomas (excepto País Vasco y Navarra). A partir de las reducciones, son las comunidades las que tienen potestad en esta materia.

Las reducciones más comunes y generales son las siguientes:

  • Por parentesco: cuanto más cercano sea mi vínculo familiar al fallecido o al donante, mayores serán las reducciones que me podré aplicar. Es decir, un hijo o cónyuge podrá obtener una mayor reducción de la base imponible que un primo o un tío.
  • Vivienda habitual: esta es una de las reducciones más importantes. En la gran mayoría de las comunidades, la vivienda habitual donde residía el causante (el fallecido) prácticamente no tributa en el impuesto de sucesiones, ya que tiene una reducción del 95% de su valor, sí la heredan su cónyuge, ascendientes, descendientes o colaterales del causante mayores de 65 años.
  • Empresa familiar: con ánimo de proteger la continuidad de las empresas familiares, la ley conceden una reducción del 95% en el impuesto de sucesiones a las empresas familiares, ya sean de tipo individual o ya sean sociedades. Siempre y cuando sean heredadas por ascendientes o descendientes, adoptantes y adoptados y colaterales del fallecido hasta el tercer grado, y la empresa cumpla una serie de condiciones.

Estas son las reducciones genéricas. Pero habrá que ver, dependiendo de cada comunidad autónoma, las reducciones particulares que tienen.

A la base imponible le restaremos las reducciones y obtendremos la base liquidable.

D) Base liquidable

A la base liquidable se le aplicarán los tipos impositivos máximos y mínimos propios de cada comunidad autónoma. Y como resultado obtendremos la cuota a pagar.

Pero cuando crees que ya has terminado aún queda un paso más. A esta cuota se le aplicará un coeficiente corrector. Básicamente lo que hace este coeficiente es incrementar mi cuota a pagar, en función del parentesco con el causante y mi patrimonio previo.

Es decir, si yo antes de recibir la herencia tengo un patrimonio importante, pagaré más que un heredero que no tenga nada.

Al igual que si yo soy un amigo del causante pagaré mucho más, hasta multiplicar por dos y medio la cuota, que alguien con un vínculo familiar más cercano como puede ser un hijo o una esposa.

Bien, hasta aquí este breve esquema del impuesto sobre sucesiones y donaciones. Si quieres ampliar sobre este tema te recomiendo el libro de Alejandro Ebrat, Todo lo que necesitas saber sobre herencias y donaciones.

Aunque de estos temas se ocupe tu asesor fiscal, siempre es recomendable tener una idea general de la estructura del impuesto. Para hablar el mismo idioma que tu asesor.

Este ha sido mi objetivo con esta entrada.

Que tengas una idea general de este impuesto tan importante para la planificación fiscal de nuestro patrimonio, sea el que sea.

3 pasos para identificar inversiones seguras

Antes de decepcionarte y de que te lleves una desilusión, voy a ser sincero contigo. Las inversiones seguras y sin riesgo no existen.

Como tampoco existen los Reyes Magos ni la piedra filosofal. Son cuentos chinos para venderte la moto.

Siento ser así de brusco, pero alguien tenía que decírtelo.

Inversión segura es una contradicción en los términos. Si de algo carece una inversión es de certeza y seguridad.

Invertir consiste en estimar el futuro. Y nadie sabe lo que va a pasar en el futuro. Es incierto. Por lo tanto, cuando invertimos siempre hay riesgo.

De hecho, el riesgo es uno de los elementos esenciales (por no decir el más importante) a la hora de invertir.

Desde montar un negocio con tu cuñado, hasta comprar un bono del Estado más solvente del mundo. Sólo tenemos la certeza de lo ha ocurrido en el pasado. Pero no podemos asegurar que ocurrirá en el futuro.

Antes de la burbuja inmobiliaria, todo el mundo aseguraba, hasta los expertos más prestigiosos, que la vivienda nunca bajaba. Que era una inversión segura. El resto es historia.

inversiones seguras

No existen inversiones seguras

Hay muchas cosas seguras, o de aparente seguridad, en la vida. Como por ejemplo, que algún día moriremos. No sabemos cómo ni cuándo. Pero podemos asegurar que la palmaremos (algunos no se han dado cuenta todavía).

Pero cuando se trata de temas financieros y económicos no hay nada seguro. Básicamente porque detrás está el ser humano actuando. Y su comportamiento no es una constante medible y cierta.

Cuando invertimos evaluamos el futuro con información del pasado. Aquello que conocemos y hemos visto. Pero pueden ocurrir otras muchas cosas que ni siquiera imaginamos o hemos visto.

Carecemos de información porque todavía no está creada. Nadie hace unos años estimaba que existiría Internet. Hoy el mundo es completamente distinto gracias a él. Y así con todo.

El ser humano es creativo y genera continuamente nueva información, plasmada en empresas y avances tecnológicos o científicos, que a su vez generarán nueva información que todavía desconocemos.

Es como si en la época medieval alguien se planteará comprar unos billetes de avión. ¿Un avión, pero qué es eso?. No hay seguridad. Hay incertidumbre. Y eso implica riesgo.

Howard Marks, uno de los mejores gestores de patrimonio del mundo, dedica tres capítulos al riesgo en su libro Lo más importante para invertir con sentido común.

Yo he intentado resumirlos.

1. Entender el riesgo

Para saber a que nos enfrentamos tenemos que entenderlo. Saber lo qué es. Mucha gente suele asociar la volatilidad (que el precio suba y baje) con el riesgo. Y en cierta manera puede que sea así.

Pero lo que creo es que cuando un inversor se pregunta si determinada inversión es arriesgada, se está refiriendo a si hay posibilidad de perder dinero.

Nadie dice no invierto en esa acción porque es muy volátil. Es más sensato pensar que no se invierte en una determinada inversión, porque se puede perder parte del capital.

Para entender el riesgo, antes debemos hacernos tres preguntas:

  • ¿Que nivel de riesgo estoy dispuesto a asumir? Todos los inversores tienen aversión al riesgo. Prefieren menos riesgo a más riesgo, eso está claro. Por eso tenemos que decidir que riesgo estamos a dispuestos a soportar.
  • Si dicho riesgo asumido ¿compensa el retorno o la rentabilidad esperada?.
  • Y cuando evaluemos los retornos obtenidos, tendremos que ver como lo hemos, o nuestro gestor, lo ha conseguido. ¿Con instrumentos financieros seguros o arriesgados?, ¿renta fija o renta variable?, ¿con apalancamiento o sin él?, ¿productos financieros líquidos o ilíquidos?

En el mundo de la inversión se suele decir que las inversiones más arriesgadas son las que dan mayor rentabilidad. Esto es verdad hasta cierto punto.

Porque si pudiésemos asegurar que las inversiones más arriesgadas son las que más rentabilidad dan, no serían las más arriesgadas. Serían las más seguras. Todo el mundo, sin pensar, invertiría en lo más arriesgado.

Sería tan fácil como decir, quiero ganar más dinero, pues asumo más riesgo. Pero no es algo tan mecánico.

La forma correcto de verlo es que las inversiones más arriesgadas, necesitan ofrecer la posibilidad de ofrecer retornos más elevados que el resto. Para poder competir. Pero no lo aseguran.

Precisamente porque es una inversión más incierta, debo compensar a los inversores con una promesa de mayor rentabilidad. Sobre este tema hablé en el post sobre el valor del dinero en el tiempo.

¿Cuando hay riesgo de perder dinero en una inversión?

Todo tiene que ver con la psicología de masas y como ésta impacta en los precios. Siguiendo con el ejemplo de la burbuja inmobiliaria.

Cuando un tipo de inversión está de moda, como fue en su momento los pisos, los precios suben porque todo el mundo lo demanda. Se compraban y se vendían sobre planos. Auténticas locuras. Seguramente lo hayas visto en tu entorno cercano.

¿Esto que provocaba?. Precios cada vez más altos y cada vez menos margen de beneficio. Es decir, cada vez se asumía más riesgo, para obtener menos rentabilidad.

Más riesgo porque no podían subir hasta el infinito, en algún momento dejarían de subir. Y menos rentabilidad porque los que compraron los últimos meses perdieron gran parte del capital o casi todo.

Lo que vengo a decir es que el riesgo está en el precio de compra. Aquellas inversiones que no son populares, que nadie se fija en ellas, están muy baratas, porque nadie las demanda.

En este caso hay margen de beneficio. Estoy asumiendo poco riesgo (comprando barato) con una expectativa de rentabilidad mayor. Por eso los grandes inversores compran durante las crisis. Es como ir de rebajas. Tiene toda su lógica. Cuando todo el mundo está temeroso y bajan los precios, yo compro.

Sin embargo, en la época de euforia y derroche, los precios suben como la espuma y existe mayor riesgo de perder tu capital, yo vendo o me estoy quieto. No participo de la fiesta. Sensatez y lógica. Lo que le falta al ser humano.

Este es el enfoque del Value Investing.

Por supuesto hay que mirar otras muchas cosas, pero el precio es un buen indicador del riesgo de una inversión.

2. Reconocer el riesgo

Como decía en el anterior punto, el precio es el primer indicador de riesgo. Pagar un precio caro (algo que cuesta más de su valor intrínseco) implica un mayor riesgo y menor retorno. Esto suele pasar en la épocas de euforia.

Mientras que pagar un precio barato (algo que cuesta menos de su valor intrínseco) implica menos riesgo y mayores retornos. Estos entornos se suelen dar en épocas de crisis.

Por eso, para reconocer el riesgo es muy importante entender los ciclos económicos y la psicología del mercado.

Durante la época de optimismo, el sentimiento generalizado en la sociedad es que no hay riesgo. Un inversor sensato debe detectar estos entornos. Debe saber que la fiesta acabará.

Al contrario que en las épocas de pesimismo, cuando nadie quiere oír hablar de invertir. Precisamente este es el momento adecuado, cuando ha bajado la marea y puedes comprar auténticas gangas.

Parece sencillo, pero no lo es. Por eso muy pocos lo consiguen. Es muy difícil ir contra el consenso. Hay que desarrollar, como dice Howard Marks, el pensamiento de segundo nivel.

¿Cómo impacta el exceso de optimismo en las inversiones?

Para entender como en las épocas de euforia se genera la aversión al riesgo, voy a ponerte un ejemplo del razonamiento que hacen los inversores.

A la hora de invertir los inversores cogen la referencia de la tasa libre de riesgo. Es aquella inversión que teóricamente no tiene riesgo. Como son los bonos del Tesoro Alemán o de Estados Unidos.

El inversor razona de la siguiente manera:

“Si por los bonos del tal Estado me dan un 4%, por la deuda corporativa de una empresa me tienen que dar un 6%. Y por los bonos basura (High Yield Bond) que menos que un 10%”. Y así hasta completar la escalera de menor a mayor riesgo dentro de la renta fija.

Pero el mismo argumento continua por la renta variable. “Si la rentabilidad media de las acciones de un índice bursátil de referencia ha sido un 10%, como mínimo le pediré a una acción de pequeña capitalización un 13%”.

“Y si por la liquidez y rentabilidad que me da una acción de una empresa solvente, me dan un 10%, para una inversión inmobiliaria exigiré un 15%”. Y así hasta completar todo el tipo de inversiones clasificadas de menor a mayor riesgo.

El exceso de optimismo en la época de la burbuja y la fiesta hace evaluar de forma errónea el punto de partida. La tasa libre de riesgo no es de un 4% sino que está más cerca de un 1%. Por lo tanto, nuestra Capital Market Line está mal planteada.

Ahora no invertiríamos en deuda corporativa a menos que nos diesen un 4% y por los bonos basura un 7%. Y así sucesivamente.

El mercado no es algo estático, es algo dinámico. Impulsado por inversores, personas de carne y hueso. Cuanto más confiados se vuelven (avaricia) el riesgo aumenta y cuanto más temerosos (miedo) el riesgo disminuye.

3. Controlar el riesgo

El riesgo suele estar encubierto. Es invisible. Hasta que no hay pérdidas no somos conscientes del riesgo que existía.

Howard Marks pone un ejemplo muy gráfico. Los gérmenes provocan enfermedades, pero en sí mismos no son una enfermedad. La enfermedad es resultado de la presencia de gérmenes.

Al igual que las pérdidas, surgen cuando el riesgo se topa con la adversidad. Pero mientras las cosas vayan bien, las pérdidas no aflorarán.

Lo que quiere decir es que aunque el entorno sea favorable, siempre debemos tener en cuenta otros entornos. Es decir, controlar el riesgo. Tenerlo presente siempre.

Es como cuando coges el coche para hacer un trayecto corto y no te pones el cinturón, porque no va a pasar nada, está aquí al lado.

El hecho de que lleguemos sanos y salvos a nuestro destino, no quiere decir que hubiésemos podido tener un accidente.

Warren Buffett lo describe con una frase fantástica: “hasta que no baja la marea no se sabe quién lleva puesto el bañador y quién está desnudo”.

Tampoco debemos caer en la trampa de “prepararnos para el peor escenario posible”. Más que nada porque el peor escenario posible no lo conocemos. Podemos prepararnos para los escenarios que ya conocemos en el pasado.

El peor escenario sería perderlo todo. Y ante este escenario no invertiríamos ni tomaríamos riesgos.

Controlar el riesgo es el mejor camino para evitar pérdidas. Evitar el riesgo es el mejor camino para no obtener beneficios.

Hasta aquí la entrada de hoy.

Todas las cosas que merecen la pena en la vida implican riesgo. Incluso el hecho de no hacer nada también es un acto que puede ser arriesgado.

Hay personas que dicen que invertir en bolsa es arriesgado. Yo les digo que dejar tus ahorros en la cuenta corriente también lo es.

La inflación se comerá tu poder adquisitivo. Un pánico financiero puede provocar un corralito y te quedes sin tu dinero hasta que quiera el gobierno de turno. Y un montón de escenarios más que desconocemos.

Te han hecho creer que vivías en mundo seguro y estable. Nunca lo ha sido. Y mucho menos a partir de ahora.

Los tiempos han cambiado.

2 enfoques para vivir de las rentas y gestionar tu patrimonio

Si te estás planteando vivir de las rentas, antes deberías tener claro unas cuantas cosas. No es tan fácil y sencillo cómo lo pintan algunos anuncios de juegos de azar.

Para muchas personas, sus problemas se solucionarían si les tocase la lotería o recibiesen una cantidad de dinero. Quitarían sus deudas, viajarían por el mundo, ayudarían a la familia y lo demás lo invertirían y “con lo que me diesen” viviría sin trabajar y tumbado a la bartola.

Pero como dijo Nathan Mayer Rothschild, hace falta mucha audacia y mucha cautela para amasar una gran fortuna.

Por eso son tan pocos los que lo consiguen.

vivir de las rentas

¿Qué tienes que tener en cuenta, si quieres vivir de las rentas?

Aquí tienes algunos de los aspectos fundamentales, que tienes que tener en cuenta, si tu objetivo es vivir de tus inversiones.

1. ¿Con qué capital cuentas para empezar?

Esas rentas con las que pretendes vivir, tienen que salir de la rentabilidad que te genere el capital invertido. A más capital, puedes permitirte menor rentabilidad, y por lo tanto menos riesgo. Y con menos capital, tendrás que arriesgar más, para conseguir mayor rentabilidad.

Con un ejemplo se verá más claro.

Voy a coger como referencia de rentas necesarias para vivir, el salario medio de España. Que son aproximadamente 26.000 € anuales. Eso supondría unos dos mil cien euros mensuales.

Cogiendo como referencia la rentabilidad media histórica de la bolsa americana, un 6,6% descontando la inflación, necesitaríamos un capital de 500.000 €. Si calculamos la rentabilidad da unos 33.000 € brutos menos la retención pertinente de Hacienda, quedarían los 26.000 netos anuales.

Esa rentabilidad es relativamente fácil de conseguir con una cartera diversificada de fondos indexados de gestión pasiva.

Estoy partiendo de la idea, que desde el primer año da esa rentabilidad, cuando no suele ser así. Es una media a largo plazo. Habrá años que obtengas más y habrá años que obtengas menos.

Pero bueno, es para que te hagas una idea y tengas una referencia.

Ya puedes hacer números tu mismo. Con la mitad de capital y la misma rentabilidad, obtendrías aproximadamente la mitad de rentas. Unos mil euros al mes.

2. ¿Qué estilo de vida quieres?

Otro factor muy importante. Si eres una persona austera, que tiene todo pagado y lleva una vida sencilla, te será más fácil vivir de las rentas, que una persona que tenga una vida de lujo y con excesivos gastos.

Por eso la gran mayoría de la gente que le toca la lotería o recibe una herencia millonaria, a los pocos años se la han fundido y además contraen deudas. Acaban en peor situación, que cuando tuvieron el golpe de suerte.

El gasto es el factor que mejor podemos controlar. Es inmediato. Yo decido dejar de fumar y ese dinero me lo empiezo a ahorrar desde el momento que lo decido. Me aprieto el cinturón e inmediatamente veo el beneficio.

Sin embargo, aumentar ingresos es un factor más incierto. No hay certeza ni seguridad absoluta. Monto un negocio y no sé si venderé. Invierto y no sé si obtendré la rentabilidad esperada.

Me pongo a trabajar en una empresa y no sé si me pagarán o me despedirán. Son expectativas.

Por eso es importante no contraer deudas. Tienes más flexibilidad para adaptarte a los ingresos que obtengas, que cuando tienes contraídas una serie de obligaciones, como puede ser una hipoteca, que necesitas unos ingresos constantes sí o sí.

La ventaja de no tener deudas y obligaciones es que no tienes que cargar con esa mochila. Y puedes vivir en el lugar del mundo que quieras, dónde la vida esté mucho más barata que en España.

Y entonces ya no necesitarás tanto capital y con una rentabilidad menor y menos riesgo, podrás vivir perfectamente.

3. ¿Cuál es tu horizonte temporal?

¿Durante cuánto tiempo pretendes vivir de las rentas? Cuánto mayor sea tu horizonte temporal, más audaz y cauteloso tendrás que ser.

Aspectos como la inflación, irán deteriorando tu capital si no inviertes inteligentemente, con lo que tus rentas cada vez serían menores y tu calidad de vida se vería perjudicada.

Sin embargo, el tiempo es un buen compañero de los buenos negocios, como dice Buffett. El interés compuesto hará que tus inversiones, con el paso de los años, se reproduzcan cada vez más a través del efecto bola de nieve.

La complejidad es aún mayor, cuando quieres que tu capital pase a tus hijos y siguientes generaciones. Tendrás que tener en cuenta también, aspectos de vital importancia, como la fiscalidad.

4. ¿Cuál es tu tolerancia al riesgo?

Todo el mundo quiere la máxima rentabilidad con el menor riesgo. Y cómo dicen en mi tierra, tetas y sopas no puede ser. Hay que elegir.

O renuncias a ganar menos, a cambio de “mayor seguridad”, pero con el inconveniente de deteriorar tu capital y poder adquisitivo. O arriesgas más, a cambio de “menos seguridad” pero con una mayor rentabilidad y con la ventaja de aumentar tu poder adquisitivo y riqueza.

Si quieres rentabilidad, gran parte de tu capital tiene que estar en renta variable. No hay otra. La renta fija, que no es fija, ni tampoco es segura, suele dar una rentabilidad parecida a la inflación. A veces ni eso. Así que tu decides.

5. Mejora tu inteligencia financiera

Aunque te rodees de los mejores asesores financieros y tengas mucho patrimonio, tendrás que seguir desarrollando tu inteligencia financiera.

Porqué cuanto más tienes, más complejo se vuelve todo. Kiyosaki lo decía en una charla, tanto tener mucho dinero, como tener poco, es un problema. Tu decides que problema quieres tener. 🙂

Dicho todo esto, ahora sí, te presento los dos enfoques para gestionar tu patrimonio y vivir de tus inversiones.

Por un lado, está el basado en la distribución del patrimonio, y por otro, el del crecimiento del patrimonio. Dentro de cada uno de ellos hay diferentes opciones.

Están sacados del libro de Stuart E. Lucas, Gestión de Patrimonios: Claves para rentabilizar, proteger, disfrutar y compartir el patrimonio familiar.

Distribución del patrimonio

El horizonte temporal de las personas que se deciden por esta estrategia de inversión, suele ser unos veinte años o menos. Quieren gastarse todo su patrimonio mientras vivan. No quieren dejar nada, hablando claro.

El nivel de gasto es bastante alto y la rentabilidad de sus inversiones es baja y conservadora. La planificación fiscal será lo más sencilla y simple posible.

En este grupo existen dos opciones:

  • Mantener el poder adquisitivo: el gran reto a resolver es cuánto tiempo voy a vivir. Está muy bien, querer disfrutar de tu patrimonio mientras vivas, pero puede que te pases gastando y vivas más de lo esperado y pases tus ultimos años en la miseria. Por eso es recomendable, si optas por esta opción, complementarlo con un trabajo.
  • Mantener una renta estable: las personas que se decantan por esta opción, basan su estrategia en lograr un flujo de caja estable a lo largo de su vida. Pretenden mantener un nivel de gasto constante a y conservar el valor de sus activos. En ambas opciones, el objetivo es batir la inflación, en lo que a rentabilidad se refiere.

Crecimiento del patrimonio

El horizonte temporal de este enfoque es de varias décadas y multigeneracional. Las rentabilidades tienen que ser superiores a la media del mercado y tener tolerancia a la volatilidad y la incertidumbre.

Hay un control exhaustivo del gasto y todo lo relacionado con el impuesto de transmisiones patrimoniales. En este tipo de estrategias, la filantropía está muy presente, por las grandes ventajas fiscales que tienen.

  • Conservar el valor real de la riqueza y el poder adquisitivo: se necesitará rendimientos superiores al 10%. Para ello, se debe tener aptitudes superiores a la media, como te decía antes cuando hablaba de la inteligencia financiera. Es necesaria una buena y profesional gestión patrimonial.
  • Conservar la riqueza per cápita a lo largo de generaciones: para que cada miembro de la familia de futuras generaciones, mantengan los mismo niveles de renta reales ajustados a la inflación, que las generaciones actuales.
  • Mantener el crecimiento de la riqueza: suelen ser familias vinculadas a una empresa, genración tras generación, y pueden seguir creando riqueza y diversifiacando prudentemente en otras áreas.

Hasta aquí la entrada de la semana.

Espero que ahora tengas una visión más amplia sobre cómo vivir de las rentas y gestionar tu propio patrimonio.

Nada se construye por azar. Requiere una planificación y un enfoque.

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